EDUCACIÓN EN EL AÑO DOS MIL: LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

 

EDUCACIÓN EN EL AÑO DOS MIL: LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX





 Durante la primera mitad del siglo XX, un grupo de misioneros de la provincia de San Joaquín de Navarra del Carmen Descalzo, fue delegado por el gobierno colombiano para desarrollar la nacionalización de Urabá, un selvático territorio de frontera en el noroccidente colombiano. A través de su apostolado en la región, los frailes se probaron a sí mismos y ante los demás, en el sufrimiento. La queja de sus pareceres informa la escritura misionera, invitando a la pregunta por sus funciones y significados. Los documentos de los frailes carmelitas descalzos sobre su experiencia en la región entrelazan dos tópicos: el horror a la selva y el horror al salvajismo. Haciendo uso de las licencias de la investigación, opté por priorizar lo primero, e intencionalmente, he dejado a la sombra lo segundo.

La escolarización de masas fue un asunto público que ocupó la atención de intelectuales, políticos y pedagogos en la transición del siglo XIX al XX. La obligatoriedad de la enseñanza representó un paso importante, aunque insuficiente: más de 50 por ciento de la población en edad escolar seguía siendo analfabeta y la oferta educativa se concentraba en las ciudades en un país donde 70 por ciento de la población vivía en el campo. En el proceso de construir la escolarización pública de masas se traza una curva de pensamiento que muestra replanteamientos en las concepciones sobre "el pueblo" y las formas de vincularlo con el desarrollo de la nación. El artículo enfoca la instrucción rudimentaria de principios del siglo XX y propone que esta experiencia de escolarización preparó para una "ruptura relativa" en la constelación de ideas sobre quién es el pueblo y cómo educarlo entre finales del XIX y la escuela rural que despunta en la revolución.



La escolarización de las masas fue uno de los asuntos públicos que ocupó la atención de intelectuales, políticos y pedagogos en la transición del siglo XIX al XX. El concepto "educación popular" constituyó una de las vías que dio cauce a su identificación y permitió hacer el diagnóstico de esa necesidad. Su incorporación a la reflexión pública se da en el marco de los debates nacionales que establecieron la educación elemental obligatoria, uniforme, laica y gratuita (Congresos Nacionales de Instrucción, 1889 y 1890) y en el contexto del último tercio del siglo XIX, durante el cual la expansión de la educación primaria fue considerable pero insuficiente, pues más de 50 por ciento de la población en edad escolar seguía siendo analfabeta; la oferta educativa se concentraba en las ciudades en un país en el que 70 por ciento de la población vivía en el campo. Las representaciones sociales sobre estas franjas de población asociaron pobreza, ignorancia y vicio, viendo en ellos uno de los grandes problemas nacionales: convertir en ciudadanos civilizados a las "masas peligrosas". Medio siglo después, el Estado mexicano dejó de verlas como "peligrosas" y promovió su integración en la vida social en el marco del nacionalismo posrevolucionario. En el proceso de construir la escolarización pública de masas se traza una curva de pensamiento sobre quién es el pueblo y cómo educarlo que supuso replanteamientos en las concepciones sobre los individuos y las formas de vincularlos con el desarrollo de la nación como miembros productivos de la sociedad.

Para indagar en ello, este artículo enfoca la experiencia de la instrucción rudimentaria de principios del siglo XX. En las dos primeras secciones se rastrean sus orígenes en las conceptualizaciones y debates en torno a los límites de la obligatoriedad puestas en la escena pública en el Primer Congreso de Instrucción Pública de 1889 y posteriormente, en el III Congreso Nacional de Educación de 1910. El periodo, que se extiende de 1911 hasta finales de esa década, y constituye propiamente hablando el ciclo de vida de la instrucción rudimentaria, es analizado en la tercera sección, donde se muestran las ideas y el ambiente de discusión que generó esta respuesta del Estado mexicano a la necesidad de escolarización de masas. De manera particular interesa destacar las concepciones e ideas subyacentes a los principios de "enseñar los rudimentos" y "castellanizar al indígena". Las discusiones en torno a los tópicos que puso en el escenario público la instrucción rudimentaria dejaron huellas que se extendieron en las dos décadas siguientes; especialmente sensible fue el tema de la castellanización, que mantuvo un núcleo duro que postulaba la unificación en el español. El ciclo de vida de las escuelas rudimentarias se cierra con la Casa del Pueblo, como esbozo de la nueva escuela rural posrevolucionaria. En el apartado final se propone una interpretación que sostiene que la experiencia de la escolarización rudimentaria preparó para una ruptura, no total sino relativa, en la constelación de ideas sobre quién es el pueblo y cómo educarlo, entre finales del siglo XIX y la escuela rural que despunta en la posrevolución.



la educación, cuya versión moderna iniciara la concepción acerca de que "el niño no es un hombre en miniatura", de Rousseau, que hoy seguimos escribiendo a cada instante y, seguramente, con mayor necesidad y urgencia que aquellas vividas en un mundo no tan lejano. Igualmente, por más apretada que sea una línea de sucesos en el tiempo, no puede excluir hoy a Japón, y si aquí ocurre es porque toda historia es también una cadena de omisiones. Esa cultura que apostó más a la construcción de escuelas que al pan deberá ser tenida en cuenta para futuras sinopsis de los fenómenos educativos mundiales.

Nuestra tarea ha sido realizada directamente con el original, hemos efectuado correcciones tipográficas y unos pocos cambios en elementos sintácticos menores. Vimos pertinente, además, el completar esta producción con fechas, nombres y tablas. La característica común del siglo XX con respecto a la educación, es la democratización de la misma y de la enseñanza, extendida por países europeos y americanos especialmente y, además, llevar la educación gratuita y obligatoria no sólo al nivel primario sino, también al secundario.

Durante la primera mitad del siglo actual se han realizado considerables reformas a la educación, aumentadas después para darle a la misma caracteres fundamentales basados en los valores científicos y sociales. Otra característica es la universalización de la educación pública, conservando el sentido nacional. Pero, una educación universal no es solamente la que extiende sus beneficios a todos, sino fundamentalmente la que conviene o satisface la gran variedad de las necesidades sociales, las capacidades e intereses individuales. Es conocida la preocupación por la educación en el siglo actual y, especialmente, en las últimas décadas. Se intensifica el conocimiento psicológico del educando en forma científica; se estudia y profundiza la influencia del ambiente escolar sobre la educación; se establecen los valores de los educandos nivel normal, subnormal y del superdotado a los efectos de una educación adecuada a cada nivel; se estudian y aplican técnicas pedagógicas con criterio científico; se organiza la educación con criterio social-económico, desde la pre escolaridad hasta el nivel superior; se ilustra al docente a los efectos de su perfeccionamiento cultural y educativo para el mejor conocimiento de la importancia de su función específica y para actuar con más seguridad en el difícil arte de educar; se promueve la investigación científica en la educación; se favorece y estudia con criterio social pedagógico la educación técnica; se valora la personalidad del educando y se la guía oportunamente para su desarrollo total; se intensifica el estudio y la aplicabilidad de la educación integral; se aprecia más ampliamente la objetividad de la enseñanza y se valoran científicamente los resultados del aprendizaje y del rendimiento; se advierte un considerable interés de la docencia por superar su acervo cultural y pedagógico, a la vez, para valorar lo útil, lo positivo de su actuación y actualización educativa; se acuerda al niño su función social y se le estima como elemento de la comunidad para su educación; se extiende la misma a los padres y adultos; se promueve la igualdad de oportunidades en educación; se concreta en sus realidades cualitativas y cuantitativas la escuela pública; se estudian con mayor profundidad los sistemas de educación para adaptarlos a los cambios sociales, aunque los cambios de estos sistemas son insuficientes para satisfacer las exigencias de futuras generaciones aun proyectándolos con miras al futuro y, tanto es así, que son numerosos los problemas sociales existentes sin solución, a pesar de los cambios de los sistemas de educación. ¿Quiere decir esto que los cambios sociales se producen tan rápidamente que impiden a los cambios de la educación alcanzarlos? En este aspecto, la educación tiene la responsabilidad de desarrollar y formar los tipos inteligentes para valorar y dirigir las fuerzas nuevas, hacia la felicidad, y los cambios en educación deben de estar de acuerdo con los valores de los cambios sociales.



El siglo XX constituye un verdadero movimiento reformador de la pedagogía, cuya tendencia consiste en darle a la educación un carácter activo. La educación innovadora adquiere la profundidad de su significado y, además, se desarrolla en forma de tendencias generales. Como precursores merecen citarse a Nietzsche, Stanley Hall, William James, Berson, etc., aunque el verdadero iniciador de la "educación nueva" fue Jean-Jacques Rousseau. No obstante, la historia de esta educación, sus experiencias, sus éxitos y sus fracasos, aún está por escribirse, como obra especial. Con Rousseau y Tolstoi se constituye lo esencial de la "educación nueva". Para algunos esta educación se basa fundamentalmente, en la psicología del niño; pero, cabe recordar que la educación anterior no ignoró sistemáticamente los caracteres propios de la mentalidad del mismo, es decir, la psicología de éste, aunque en general era empírica y sin pretender el nombre de ciencia; más aún, no se llegaba a establecer que la mentalidad del niño difiere de la del adulto. Se acepta como una psicología que no tiene nada de científica, que sólo es empirismo, aunque las tareas pedagógicas tuvieron en cuenta la psicología infantil en distintas épocas. Lo cierto es que la psicología del niño surgida del empirismo se ha elevado a la categoría de ciencia y beneficia sin duda alguna, a la pedagogía, porque mejora sus métodos y técnicas. Este beneficio se extiende no sólo a la nueva pedagogía sino a toda la pedagogía, según argumentan los defensores de la pedagogía de otras épocas. Además, que la pedagogía progresa sin interrupción a medida que progresa la psicología y, como consecuencia, no existe tal educación y pedagogía del niño. Por otra parte, sostienen que en Comenio (gran pedagogo checo, Jan Amos Komenský, Comenio, 1592-1670) se encuentra la casi totalidad de lo que existe en la educación nueva, más aún, dicen que es el educador quien debe estar siempre dispuesto a valorar lo que le enseña la psicología del niño y que, sin subordinarse a los conocimientos psicológicos, se sirva de ellos para mejorar y cambiar los métodos. Sin embargo, los defensores de la "educación nueva", sostienen que este conocimiento de la psicología infantil es incompleto, más, es un conocimiento empírico, consecuencia de observaciones, muchas veces repetidas y verificadas, transmitidas y enriquecidas, de una a otra generación. Pero no es psicología infantil; más, es necesario saber hasta qué punto y cómo debe ser utilizada la psicología por la pedagogía. La educación y pedagogía nueva se diferencian de las anteriores porque utiliza una pedagogía nueva, actualizada. La "educación nueva" no se limita a la escuela y a la familia, sino que se ha convertido en un acontecimiento social; constituye una actitud nueva frente al niño, de aceptar a éste como es, como reconocimiento del valor del mismo, como edad o período necesario en el desarrollo del hombre; es convicción de que en el niño existe todo lo que favorece y permite una educación verdadera. La pedagogía siempre se ha servido de los datos de la psicología; pero la psicología del niño no constituye el fundamento único de la "educación nueva", sino uno de sus valores y de sus recursos. Lo importante es conocer al niño, que es el ser natural por excelencia. En el siglo XX se afianza el aporte de la ciencia a la corriente filosófica de la pedagogía, mediante la pedagogía experimental y la psicología del niño.

        Rousseau no fue un psicólogo ni lo fueron sus discípulos; tampoco lo fue Pestalozzi, motivos por los cuales no se emprendían estudios sistemáticos de la psicología del niño. La pedagogía experimental no podía crearse mientras la pedagogía estuviese en manos de educadores. Y fue Binet el fundador de la pedagogía experimental. El educador no puede ser actor y observador de su propia acción; no dispone de todos los elementos necesarios para medir, exactamente, los resultados generales y qué parte corresponde a los alumnos, a la acción del maestro y a los métodos y técnicas empleados. Con Binet (1857-1911) entra por primera vez la ciencia y la medición en la pedagogía. Con la obra de Binet se han desarrollado dos tipos de investigaciones, que son, la psicología del niño y la pedagogía experimental. Los psicólogos de la niñez de Binet a Piaget (1896-1980) y otros, además, numerosos científicos, usaron el cuestionario, la experiencia clínica, con ayuda de tests. De los numerosos trabajos realizados en esta forma, se ha llegado a uno de los principios Roussonianos, que también lo es de la "educación nueva", o sea, que el niño no es un hombre en miniatura, sino un ser propio, sui-géneris, distinto del adulto, con formas de pensar y de sentir que le son propias, tales, que no es posible caracterizarlo con legitimidad por deducciones obtenidas de la psicología general. Piaget puede ser considerado como uno de los defensores de la educación nueva. La corriente Roussoniana de la nueva educación, continuada por Tolstoi, tiene como primer principio el respeto de la infancia, porque ella tiene en sí misma un valor y, también, la posibilidad de su desarrollo hasta su perfeccionamiento. Este desarrollo sólo puede efectuarse en el seno de la naturaleza, por ser el único que conviene al niño, donde puede actuar con libertad y donde no se encontrará solo. Corriente filosófico-pedagógica; Dewey, Froebel y otros. Para Dewey, toda actividad educativa está determinada por el interés. La noción del interés domina toda la pedagogía de Dewey. Froebel sostiene que existe un centro de interés alrededor del cual gravitan todas las búsquedas, las encuestas, los trabajos a que obliga su natural desarrollo. La corriente científica de la educación nueva se pone de manifiesto con los aportes de la ciencia, o sea, con la pedagogía experimental y con la psicología del niño. Estas corrientes, de una u otra forma se encuentran en los métodos de la educación nueva y, especialmente, en los dos grandes métodos pedagógicos de Decroly y Montessori.

 

 

 

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26982010000300005

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