EDUCACIÒN EN ROMA
La educación tenía un papel muy importante en la antigua Roma ya fuera para los hijos de las clases altas, destinados a emprender una carrera política o administrar sus bienes las damas nobles que debían ocuparse de su familia o incluso muchos hombres y mujeres de extracción humilde todos necesitaban una formación básica que les permitiera abrirse paso a su manera en la sociedad.
Los primeros años de vida se desarrollaban en el seno de la familia la unidad social alrededor de la cual giraba toda la sociedad romana.
Entre las mujeres nobles era práctica común delegar esta responsabilidad en las nodrizas, esclavas de confianza o mujeres libres al servicio de la familia. Al acompañar a los niños en casi todas sus actividades durante su primera infancia era normal que estos desarrollaran una relación más estrecha con sus nodrizas que con sus madres biológicas y se ocuparan de ellas en su vejez como si fueran su propia familia.
Esta educación era impartida por un maestro pero las condiciones diferían enormemente según la clase social, mientras que las familias nobles o ricas podían permitirse enviar a sus hijos a una escuela o contratar maestros privados, los menos favorecidos tenían que conformarse con que daban clases en plena calle por un precio muy bajo, a menudo esclavos liberados o libertos. Los materiales también iban en consonancia con el precio, y los niños que estudiaban en estas escuelas de la calle practicaban la escritura y el cálculo con tablillas de cera y lápices de madera.
La segunda etapa de estudios, que empezaba en torno a los 10 u 11 años, correspondía al un profesor que impartía un variado abanico de conocimientos como historia, literatura o geografía. Se tomaba como referencia los textos clásicos de los grandes autores griegos y romanos: Homero, Platón, Virgilio, Cicerón, Horacio... Era lo que hoy llamaríamos una enseñanza “de letras” donde las ciencias tenían poco peso ya que se consideraban un saber especializado y no necesario para el común de los ciudadanos. Esta educación de mayor nivel ya estaba fuera del alcance de las clases humildes, a las que por otra parte no resultaba de utilidad para sus necesidades.
La educación por lo general solo seguida por los varones de familias de clase senatorial o ecuestre era la preparación para la vida política. A los 15 o 16 años eran confiados a un maestro especializado en oratoria que les enseñaba las técnicas del discurso y la argumentación. En casos raros también las mujeres de familias nobles eran alumnas o incluso profesoras esto sucedía mayoritariamente en el caso de las libertas, esclavas que habían comprado su libertad y a veces conseguían hacer fortuna ya que al no tener la ciudadanía romana no estaban ligadas a las normas sociales y morales de la misma.
Los romanos de clase alta ya que a la carrera política iba ligado a menudo el servicio militar. Asimismo el ejercicio físico como actividad recreativa ganó popularidad a partir de la absorción del mundo griego en el siglo II a.C. Una cultura que daba mucha importancia a las competiciones atléticas. Como sucedía con la educación las chicas generalmente quedaban apartadas de esta formación, con la excepción nuevamente de algunas mujeres de familias más bien estantes que lo hicieran como pasatiempo particular. La educación en la antigua Roma era notablemente más extendida que en otras sociedades antiguas como la egipcia o incluso la griega, en las que la enseñanza era un privilegio muy exclusivo. La mayor diversidad de maestros hacía accesible el conocimiento básico a más gente pero la otra cara de la moneda eran precisamente estos enseñantes peor pagados y considerados de los profesores griegos o los respetados sacerdotes egipcios.





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